No le preguntes si ganó (cómo fomentar el deporte y no el estrés en un niño)

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Aula pedagógica (25/11/2016)

Es muy habitual en el deporte infantil que muchos padres –esto hay que decirlo así, sin paños calientes- traspasen a sus hijos su frustración con la actividad deportiva. Ocurre en todas las disciplinas, y desde luego el ciclismo no se libra. La presión añadida antes y después de una carrera es algo de lo que todos los niños tendrían que desprenderse si quieren seguir encima de la bicicleta durante mucho tiempo. Porque el ciclismo tiene una ley no escrita que es universal y tampoco es posible refutarla: sólo se mantiene sobre la bici aquel que disfruta con ella.

Hablamos de un deporte que, por sí mismo, requiere mucho sacrificio para poder labrar una carrera de él. La proporción de corredores que termina llegando a profesionales y viviendo del ciclismo es ínfima en comparación con todos los niños que empiezan. Y lo importante que deben entender tanto niños como padres es que ese camino y las experiencias que acumulen a lo largo del mismo es lo único que nadie podrá arrebatarles.

El ciclismo, bien practicado –y practicarlo bien no implica saber pedalear, sino interiorizarlo como deporte y actividad- deja en la persona unos valores que le acompañan durante toda su vida. Por eso, los padres deben ser una parte activa en la interiorización de esos valores, en lugar de sustituirlos por otros dictados por su propia personalidad. La competitividad debe ser siempre sana, y es por desgracia demasiado frecuente ver actitudes que distan mucho de esa rivalidad meramente deportiva.

Los padres deben apoyar a sus hijos en la práctica del deporte, exigir buenas notas y relativizar los enfados del niño por no haber podido ganar una carrera. Cuando en lugar de eso un padre se dedica a corregir a un director en público –lleve o no razón-, o riñe al hijo por un mal resultado, está contribuyendo a que ese chaval deje la bicicleta en cuanto tenga la menor ocasión. Es importante que los niños entiendan el ciclismo como un juego y un ámbito de socialización en el que hacer amigos y divertirse. Lo contrario aumentará su estrés y, por tanto, también su rechazo a la bici.

Por tanto, el padre debe ser un apoyo para el director de una escuela. De común acuerdo deben guiar al niño en la mejora y el aprendizaje del deporte. Para eso, la regla de oro es cambiar la pregunta que la mayoría de los padres suelen hacer después de una carrera: pasar del ¿en qué puesto has llegado? a un sencillo y amable “hijo, ¿te has divertido?”. Con eso ya se puede augurar un mejor futuro de esos niños encima de la bicicleta. Con los beneficios que conlleva para su salud y bienestar.

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